Cansancio: El síntoma invisible

¿Han visto algún programa de salud pública orientado a la salud mental de las madres? No, no hablo del puerperio, ni de la depresión post parto. Hablo de la Salud Mental General de una mujer madre. De programas orientados a el apoyo, prevención y reparación de la salud mental de una mujer que es mamá y que ya pasó por las etapas post parto que tanto -y bien necesarias- se trabajan.

Hablo de reconocer el cansancio como un síntoma inequívoco de un agotamiento emocional superior, de ver el cansancio como un problema real, y no normalizado como que “es parte de”. ¿Creen ustedes realmente que es sano levantarte más cansada que como te acostaste? ¿Creen ustedes que es sano decir lo cansadas que estamos? ¿Qué es agradable mostrar esta cara de la maternidad? Déjenme decirles algo. No. No es agradable, no me gusta estar cansada, me carga asumir que mi cuerpo no da a basto. De darme cuenta que mi día se traduce específicamente a labores de casa y cuidado de niños. De terminar el día y notar que no conversé con otro ser humano adulto más que un llamado teléfonico de cobranzas.

El problema es el bombardeo de información contraria que existe. Está tan normalizado el agotamiento que no existe como problemática de género. Espero, se lea con la altura de mira necesaria, y no con un enfoque victimizador.

En los últimos días me han llegado más de 80 mensajes de mujeres agotadas, cansadas, que se cuestionan si realmente esto vale la pena, si disfrutan ser madres, y por más terrible que esto suene, es difícil entregarse al “disfrute”, al “que fluya” mientras no ocurra un proceso interno de cambio.

Se bombardea como una especie de obligación implícita que debes estar feliz y contenta a pesar de dormir 2-3 horas diarias, en soledad, sin apoyo del padre y con juicios externos constantes. Creo que es fundamental cambiar una cara escondida e invisible, y antes de predicar lo maravilloso -que si lo es- y fácil de la maternidad, hacer visible un problema de salud pública como lo es el agotamiento físico y emocional de una mujer mamá.

Tener un hijo es tremendo. Te enfrenta a dos realidades absolutamente diferentes y contrarias. Una felicidad indescriptible, sublime, que saca tu corazón del cuerpo para verlo todos los días crecer; y por otro lado la lucha por el cambio biopsicosocial que da vuelta nuestra cabeza. Enfrentar a amar con fuerza a otro ser humano y con la angustia de tus espacios personales. Emocionarte hasta las lágrimas al pensar en tu hijo y llorar encerrada en el baño de no poder más porque el cambio es muy fuerte y no existió preparación alguna más que el taller de lactancia.

¿Alguna vez tuviste información sobre tus cambios posteriores al puerperio?

Me atrevería a decir que muy pocas de nosotras han tenido la información real, y una red de apoyo sólida conforme pasan los meses. Porque el puerperio poco a poco se ha ido estableciendo como un momento de necesario apoyo y compañía. Pero cuándo la guagua tiene 9 meses, un año? Cuándo tienes dos, tres hijos? Cuándo estás sola? Cuándo dejaste tu carrera por la crianza? ¿Hay escucha, apoyo y comprensión a esa mujer?

No es lo mismo una madre sola todo el día con un bebé, que una madre que vive con su madre. No es lo mismo una madre que se está separando a punto de parir que una madre que establece co-crianza con el padre.

Esos son considerados factores de riesgo que deben ser abordados por nuestro sistema de salud, porque pareciera ser que la pega está hecha si tuviste una lactancia exitosa. Pero no, la salud mental de la mamá va mucho más allá de esto.

Y estamos todas expuestas. Tan expuestas que no nos vemos entre nosotras. Porque además nos sentimos en la obligación de ni hablarlo, para que no se note negligencia o poco amor por nuestros hijos. El tema es que hay que hacerlo, hay que gritarlo fuerte, porque la frustración está a la vuelta de la esquina. Y si a eso le sumas el autoconcepto de cada mujer, sus cambios físicos, las redes de apoyo externas, y el entorno sociocultural en el que se desenvuelve, podemos hablar de factores de riesgo y/o protectores importantes.

Las madres necesitan más garantías de salud hoy. Necesitan programas de salud mental que prevengan futuras depresiones. La depresión post-parto es una, que ya se aborda, pero una vez creciendo el hijo y la madre, ya no es tema si está cansada o no.

El deterioro de nuestra salud mental está latente. Basta que escuchemos como una madre se desarma cuando es criticada e invisibilizada por un otro.

Cuando le dicen “y cansada de qué, si estás todo el día en casa”, “pero duerme po”, “ay como va a ser tanto”, “oye que te gusta quejarte”, “ya pero si ya pariste yapo, tus niños ya están grandes como pa seguir sufriendo”, “ya no eres la de antes, ahora siempre andas enojada”…

La maternidad tiene tantas aristas como mujeres en el mundo, y si bien, hay millones de satisfacciones, hay otras aristas más invisibles o calladas como estas, o más bien, aristas normalizadas. Creo que debemos empezar a dejar de normalizar el cansancio como algo casi para la talla y para hacer memes. El cansancio prolongado es la puerta de entrada a una salud mental deteriorada y si no lo vemos como tal, seguiremos en este camino de mujeres frustradas, agobiadas que buscan identificarse con otras a través de una red social, sin ver la maravillosa vida que ellas han construido.

Psicóloga Lorraine Lewis, Especialista en Aprendizaje y Desarrollo Inclusivo. Neuropsicología Cognitiva MEDICHI . @maternidad.panda

https://mamapanda.cl/

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